Palabras de Guillermo Muñoz durante su homenaje
Publicado en: mié, 03 oct 2018 16:07:00 -0500
El Dr. Guillermo Muñoz durante su discurso.

Señor Rector, Adolfo Meisel Roca Apreciados miembros del Consejo Directivo, colaboradores Familiares y amigos:

Agradezco la distinción con la que, entre amigos, me honran hoy, al retirarme del cargo que como miembro del Consejo Directivo de la Universidad del Norte, he ejercido durante 40 años.

El 11 de marzo de 1978, doce años después de haber sido creada la Universidad del Norte, la Fundación Mario Santodomingo, miembro fundador de esta naciente institución, me designó para representarla en el Consejo Directivo de la Universidad del Norte, en mi calidad de Presidente de la Cervecería Águila S.A de Barranquilla, donde trabajé con amor, honestidad y gran sentido de la responsabilidad durante 45 años. Me retiré de la Presidencia de Cervecería al cumplir mi edad de jubilación, pero seguí trabajando con devoción en el Consejo de la Universidad. He vivido su crecimiento por cuarenta años, he disfrutado sus logros, los he atesorado con amor y orgullo.

Agradezco hoy de corazón a la Fundación Mario Santodomingo, con Pablo Obregón Santodomingo a la cabeza, la confianza que me fue encomendada en tan loable gestión.

He cumplido 89 años de edad y han comenzado los quebrantos de salud, propios de la edad. Debo reconocer que la vida ha sido increíblemente generosa conmigo. Me retiro con tristeza y felicidad a la vez de este cargo que me ha acompañado a lo largo de mi vida productiva.

He tenido durante estos años, el privilegio de contribuir con mis modestos servicios, junto a Boris Rosanía Salive y Jesús Ferro Bayona, su equipo de trabajo académico, administrativo, y demás compañeros del Consejo Directivo, en el engrandecimiento y el buen nombre alcanzado por la universidad, tanto a nivel nacional como internacional, lo que me llena de satisfacción y orgullo.

Les confieso que una de las cosas que más he disfrutado estando en este Consejo, es asistir a las ceremonias de graduación. Ver a los estudiantes, "saltar -literalmente- de felicidad” me ha llenado de gozo, porque en su caso todo esfuerzo tiene su recompensa.

Con la edad, entregar diplomas y becas me hizo dimensionar la importancia de la educación y lo difícil que es acceder a ella. Cada año, cientos de estudiantes becados se graduan contra todo pronóstico. Hoy, para muchos, acceder a una educación de alta calidad es posible. Gracias a las becas, estudiantes de escasos recursos, pueden investigar mejor, ahondar en lo insondable, lograr grandes cambios, soñar con conquistar el mundo.

Yo me eduqué también con gran esfuerzo. Al colegio fui descalzo. A la universidad fui con zapatos, solo tenía un par. A veces, o desayunaba o pagaba el bus, así que caminé bastante. Caminatas de madrugada, que recuerdo con placer. Porque caminar fue un ejercicio sencillo con una meta día tras día, llegar a la universidad.

Quizas por eso, me emocionan tanto las becas. Y quizás por eso, creo firmemente que la educación no debería ser privilegio de unos pocos.

Hoy, la tecnología me abruma: se puede estudiar, aprender idiomas y graduarse por internet. Con esta fabulosa herramienta se puede aprender de todo. Pero, por eso pienso que es necesario fortalecer en la universidad los valores éticos y humanísticos de nuestros estudiantes. Nunca antes las humanidades fueron tan necesarias. Quizás en mi época no las consideraba prioritarias. El respeto a las instituciones era un hecho real, en medio de la importancia que le dábamos a los negocios, a los números, al crecimiento económico. ¿De qué sirve hoy el crecimiento sin valores éticos y morales?

La corrupción es un fenómeno mundial, que destroza y socaba los cimientos de la democracia. Debemos forjar en nuestros profesores y estudiantes, las buenas prácticas y costumbres. Este enorme esfuerzo, que debe ser un propósito común, ese es mi deseo.

Quiero expresar, finalmente, que guardaré en mi corazón todas las enseñanzas aprendidas al lado de mis queridos amigos y compañeros de trabajo y que agradezco a todas y a cada una de las personas que hacen su contribución, por este duro y fascinante mundo de la academia, en el que se forman nuestros futuros líderes.

Les deseo muchos éxitos en esa noble misión: la de contribuir con sus conocimientos en la construcción de un mundo, cada vez mejor.

Gracias.

 
 
 
 

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